Sus memorias, que se ponen a la venta el próximo martes, van a dar que hablar. La tenista descubre una realidad que casi nadie podía imaginar
El próximo martes llega a las librerías `Arantxa ¡Vamos! Memorias de una lucha, una vida y una mujer¿ de La Esfera de los libros.

Hasta ahí, todo normal. Es lo que Arantxa Sánchez Vicario desvela, con crudeza, sin pelos en la lengua, lo que sorprende y que ha recogido `La Otra Crónica¿ de `El Mundo¿: la extenista denuncia el espolio económico de su familia ¿excluye a sus dos hermanos, Emilio y Javier, que “siempre gestionaron su carrera por sí mismos y se han asesorado con las personas que les han merecido confianza”¿, que ha llevado a que no quede nada de los alrededor de 45 millones de euros que ganó en su etapa como profesional. “Me han dejado sin nada, estoy endeudada con Hacienda (por un pago de 3,5 millones de euros) y mis propiedades son muy inferiores a las que tiene, por ejemplo, mi hermano Javier, que a lo largo de su carrera profesional ha ganado mucho menos que yo. ¿Puedo aceptar este abuso y callar? No puedo hacerlo”, cuenta Arantxa.
No menos impactante son otras confesiones como que abandonó el tenis para conquistar su libertad o sentencias como éstas: “Mis padres me han hecho sufrir mucho... Actuaban como auténticos cancerberos que, decididos a que nada me apartara del triunfo, vigilaban hasta el más mínimo de mis movimientos, tanto personales como deportivos”; “mi boda con Pep (Santacana) sentó mal a mi familia. Fue duro comprobar que mi familia consideraba que yo no era digna de poder enamorar a un hombre... ¿En qué concepto tenían a su hija? ¿Acaso piensan que no tengo valores ni atractivo?”. La relación entre Arantxa y los Sánchez Vicario es, desde hace algunos años, inexistente. A veces, no es oro todo lo que reluce.